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lunes, 6 de febrero de 2012

Reseña: Speculation about language change: The generation gap

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William COWAN, Speculation about language change: The generation gap.: Lingua, 28, 1971, p 256-275.

En este artículo, William Cowan –del Linguistics Committee, de Carleton University de Ottawa, Ontario, Canadá- nos dice que los orígenes del cambio lingüístico y aun más en el sonido probablemente residen en la transmisión de la lengua de una generación a otra. Además algunos tipos de cambio pueden ser vistos como cambios fonológicos graduales.
Para comenzar el artículo, el autor esboza brevemente la hipótesis que Robert D. King postula en su libro Historical Linguistics And Generative Grammar, donde afirma que el cambio lingüístico es originado por la transmisión de la lengua de los adultos a los niños. El mecanismo básico es la habilidad que los niños tienen de construir una gramática optima por medio de la simplificación de reglas de derivación y cambio de formas subyacentes de acuerdo con el habla que observan en los adultos. El habla de los adultos es generada por una gramática que es menos óptima que incluye reglas y formas subyacentes inútiles. King cita la difundida reducción de [hw] a [w] del antiguo inglés: así el antiguo [hwʌt] pasó a ser [wʌt]. Los adultos que vivieron en aquella época tenían la forma subyacente /hwʌt/ y que añadieron a su gramática una regla de supresión de [h] y produjeron sólo [w], los niños aprendieron esa innovación y no vieron razón para producir formas con [h], así tomaron la representación léxica sólo “w” y suprimieron “h” de sus gramáticas, por eso su gramática se hizo más simple. King asume que la innovación toma lugar en la gramática de los niños, en ese caso, la producción de los niños, no es igual que la de los adultos. El proceso envuelto es la simplificación: para el niño es más simple una forma morfológica “goed” o “feets” en inglés, que las irregulares “went” o “foot” ya que en su forma subyacente tiene las reglas: verbo + ed (pasado), y, nombre + s (plural). El niño lo hace por analogía. Las innovaciones fonológicas surgen de los niños en la simplificación como mecanismo del cambio lingüístico. King rechaza el cambio lingüístico como progresivo por medio de los cambios graduales en la actuación lingüística, él afirma que primero el cambio se hace en la competencia en la gramática y en las estructuras subyacentes. También menciona otros tipos de simplificación en la gramática de los niños que producen innovaciones fonológicas tales como reglas de reordenamiento y reglas de pérdida. Exalta la simplificación que hacen los niños como mecanismo del cambio, y refuta la noción de progresividad en el cambio ya que si lo aceptara como gradual, estaría aceptando que el cambio se realiza en la actuación y no en la competencia como él lo argumenta. Objeta el modelo de progresión de [d],a [d], a [t] y finalmente a [t] de Charles Hockett ya que es erróneo e innecesario para la lengua. Además afirma que cambios como metátesis, epéntesis y otras relacionadas con el cambio fonológico, son resultado de la reducción de reglas fonológicas y que no tiene relación con la actuación, sino con la competencia.
Cowan dice que a pesar que King no da pruebas sobre lo dicho, acierta en algunos aspectos, pero también lo critica y lo contradice en otros. King habla de la palabra hros del inglés que pasó a horse, por una metátesis de la /o/. Así demuestra que no se hace en pasos o estadios, pero Cowan dice que no es cierto. Para él el proceso fue hros > horos > hors > horse, donde evidencia que sí hubo una progresión. Además King no toma en cuanta otras lenguas donde la progresión también sucede, por ejemplo en español con la palabra stare > estare > estar. Por eso Cowan afirma que no hay que rechazar el cambio gradual, y defiende esa idea durante el resto del artículo. Este cambio se da en la competencia, y en eso coincide con King, ya que lo que cambia no son los sonidos en sí, sino la competencia del hablante, las formas subyacentes y reglas que conforman su gramática.
Posteriormente Cowan nos muestra una especulación –él mismo lo dice- de lo que puede ser el cambio lingüístico en el niño, que es capaz de producir lo que escucha en los adultos, y al mismo tiempo producir lo que jamás ha escuchado.
Nunca una producción del hablante es igual a otra, pero aun así hay cierto márgenes que permiten un cambio mínimo sin cambiar el significado y sin violar ninguna regla. Por ejemplo la aspiración de /p/ del inglés antes de una vocal acentuada o a inicio de palabra. Allí no se especifica el grado de aspiración, puede ser poco o mucho, pero no se viola la regla ni se cambia el significado de la palabra. Cowan también cita a Labov y su estudio en Martha’s Vineyars, donde encontró la centralización de [a] de los diptongos /ay/ y /aw/ donde hay claridad en la regla, pero no en la actuación, que varía de [a] a [əˇ] y deja un espacio de ambigüedad. Es en ese espacio de ambigüedad permitida por las reglas de gramática que el niño, que aprende una lengua y construye su propia gramática, puede y hace las innovaciones. Por ejemplo volviendo a la aspiración de p → ph donde el grado de aspiración estándar ser representado por [+3], el niño tiene tres posibilidades: 1) adoptar el [+3] de los adultos y entonces no se presentaría cambios lingüísticos en las generaciones; 2) mantener su propio grado de aspiración, donde habría una simplificación de reglas en el nivel de la actuación sin implicaciones a nivel de la competencia ya que no crea una nueva norma para sí; y 3) establecer para sí una norma ya sea de [+2] o [+4] que no sería notada por los adultos porque no violaría la regla ni cambiaría el significado, pero también podría ser que el niño produzca [+1] o [+5], y si no él, alguien de la siguiente generación, hasta que [+3] inicial o esa regla es rota y una nueva es construida. Así el niño produce un grado de aspiración [+1] o [+5| que nunca ha escuchado y sin embargo lo hace porque no hay una regla que lo prohíba. Lo que hace esto posible es la gramática optima del niño para simplificar las formas y más tarde volverlas complejas. Una vez que el niño establece la norma [+1] o [+5] la siguiente generación la cambiará de nuevo para formar una nueva forma para sí, ya sea [0] o [+6] y así sucesivamente.
Cowan reconoce que no puede dar razones por las cuales un niño escogería alguna de esas tres opciones, y de eso va la impredecible naturaleza del cambio, tanto que es casi al azar. Eso se refleja en la historia de los cambios fonológicos en muchas lenguas del mundo, donde p → f, o, p → b. Los niños construyen gramáticas más simples que la de los adultos gracias a esa simplificación y las invocaciones que ellos hacen.
Esta especulación, como la ha llamado el mismo autor, no da cuenta de otros fenómenos de cambio como la metátesis, pero con unas cuantas modificaciones podría dar cuenta de otros aspectos del cambio lingüístico como el préstamo interdialectal o los cambios por influencia de sustrato. En esos casos, por ejemplo en el de sustrato, en lugar de ser los niños los productores de las innovaciones, son los adultos, y su competencia es la que se modifica. Sin embargo, en ellos el proceso es más complejo y difícil, y en algunos casos menos exitoso que en los niños cuando adquiriendo su primera lengua, no obstante se lleva cabo.
En conclusión lo que el autor afirma que los cambios fonológicos que se dan de una generación a otra a través de los niños, son graduales y se dan cuando los niños adoptan normas de pronunciación diferentes en un grado mínimo a la de los adultos, al contrario de lo que afirma King, quien sostiene que el cambio no es gradual sino abrupto.

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