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lunes, 1 de febrero de 2016

Reseña: “La Variación Sociolingüística. Las Variables Sociales” Franciso Moreno Fernández

MORENO FERNÁNDEZ, Francisco. (1998) “La Variación Sociolingüística. Las Variables Sociales.” En Principios de Sociolingüística y Sociología del Lenguaje, Barcelona. Ariel.

En este capítulo, el autor habla de la variación sociolingüística: es el decir lo mismo de dos formas, y que está condicionado por factores lingüísticos y sociales.

Las variables sociales influyen sobre los niveles de la lengua, y lo hacen de manera impredecible y variada: los factores operan sobre la lengua de manera irregular, y no en todas las sociedades lo hacen de la misma manera, sino que unas comunidades más relevancia a unos sobre otros. En general, los más importantes en todas las comunidades son sexo, edad, nivel de instrucción, nivel sociocultural, y etnia.

En cuanto a la variable “sexo”, el autor nos habla de los antecedentes de estudios realizados a partir de la segunda mitad del siglo XX sobre las diferencias entre habla femenina y habla masculina, tema polémico puesto que los análisis son contradictorios: que las mujeres eran más conservadoras, que no había diferencias, que por lo contrario eran innovadoras, etc. Algunas veces el factor “sexo” puede tomarse más como de segundo orden, y subordinado a otras dimensiones sociales más importantes. Muchos sociolingüistas han desarrollado serios e importantes estudios en los cuales se ha demostrado, que el factor sexo es determinante en una comunidad, dejando otras variables en un segundo plano. Al lado de los estudios sobre esta variable se puede encontrar otros de tipo etnográfico  en los cuales se ha visto la conducta comunitaria de hombres y mujeres en diferentes lugares. En los grandes centros urbanos se ha llegado a varias conclusiones: una de ellas es que las mujeres son más dadas a las formas prestigiosas que los hombres, como lo muestran Labov y López Morales entre otros. Al preguntarse las causas de este fenómeno, el autor responde que estaría ligado al género (dimensión sociocultural) y no al sexo (característica biológica), conceptos que aun presentan problemas de delimitación teórica. Dentro de esta definición, Chambers habla de una asignación de funciones socioculturales diferentes, fenómeno que llamó variabilidad basada en el género,  y además que biológicamente las mujeres tienen habilidades verbales más altas que los varones, y a eso lo denominó variabilidad basada en el sexo. Moreno Fernández dice que para él ambas definiciones son problemáticas, la primera porque se limitaría sólo a situaciones concretas y la segunda porque no es objetiva, contundente ni universal. Muchas cosas quedan por decir, muchos estudios por realizar y muchas preguntas por contestar en cuanto a la variable “sexo”.

Después el autor pasa a hablar de la variable social “edad”, la que más condiciona la variación lingüística, ya que va determinando y modificando los caracteres y hábitos sociales de las personas, y así los lingüísticos, por eso la importancia del estudio de las diferentes etapas del desarrollo lingüístico. Igualmente esta variable se sobrepone a otras como clase social y grado de instrucción académica. Esto reunido da implicaciones sociolingüísticas de acuerdo a la comunidad que se estudie. Labov habla de las seis etapas de adquisición de los sociolectos: adquisición de la gramática básica, adquisición del vernáculo (5 a 12 años), desarrollo de la percepción social (14 a 15 años), desarrollo de la variación estilística (14 en adelante), mantenimiento de un uso “estándar” coherente (primera etapa adulta), adquisición de todos los recursos lingüísticos (personas educadas y preocupadas por el lenguaje). Cada etapa está influida por padres, amigos, hablantes adultos y contactos sociales diversos. Esta segmentación hecha por Labov ha tenido varios contradictores, entre ellos Chambers, Romaine, Reid, Wolfram, Roberts quienes argumentan que habría otro tipo de diferencias, por ejemplo, Chambers contradice la primera y segunda etapas, ya que no hay posibilidad de distinguirlas. El autor ahonda sobre otras dos interpretaciones, una hecha por el propio Labov, y otra hecha por Chambers que afirma que había tres etapas: la infancia, la adolescencia y la edad adulta joven. Muchas veces se han preguntado la edad mínima de los informantes a la hora de hacer un estudio sociolingüístico. Las respuestas son variadas, de acuerdo con la clase de estudio que se desee realizar. Por ejemplo, Moreno Fernández habla de personas de 14 o 15 años para el estudio de grandes núcleos urbanos. Para finalizar el apartado, el autor habla de que el cambio lingüística es un proceso regular que puede observarse entre generaciones sucesivas.

Al hablar de la variable “clase social”, el autor comienza por definir el concepto desde la sociología, vista desde los enfoques de Marx, Weber, Gerth, Mills, que en términos generales la ven en relación con otros factores menores que están relacionados con ella: ocupación (actividades cotidianas para recibir ingresos), clase (ingresos para conseguir objetos), estatus (obtención de respeto) y poder (voluntad propia que va por encima de la de los demás). El concepto presenta problemas por la categorización de clases: obrera, intermedia y alta. La sociolingüística combina ciertos parámetros para su propia clasificación: educación, ingresos, ocupación, etc, asignando a cada uno un puntaje, que sumado dará la clase social del informante, por ejemplo los trabajos de Labov, Trudgill Shuy, Wolfram, Riley, López Morales entre otros. El problema es que no todos los indicadores tienen la misma importancia, sino que dependiendo de la comunidad a estudiar y el individuo, una tendrá preponderancia sobre otra. Para dar solución a este y otros problemas, algunos autores tomarán cada indicador como independiente, y otros adoptarán modelos sociológicos, entre ellos los más importantes son: mercado lingüístico (el cual afirma que la conducta lingüística está determinada por los medios de producción o profesión del hablante), red social (de acuerdo con los principios de densidad  y multiplicidad, cada hablante refleja la estructura de la red social a la que pertenece) y modo de vida (La conducta lingüística depende de del poder de determinación de las redes y las estructuras en las que se muevan los hablantes, ya que los grupos sociales son entidades internamente estructuradas y relacionadas con otros grupos).

Posteriormente, Moreno Fernández habla del nivel de instrucción o formación académica que determina la variación lingüística. Según el autor, a mayor grado de instrucción académica el hablante usa formas más prestigiosas que se acercan más a la norma. Por lo general esta variable se incluye en factores de clase social o nivel sociocultural y algunas veces no ha tenido el protagonismo suficiente, lo que no significa que sea menos importante y por lo tanto tratada de manera independiente. Al igual que las demás variables, esta presenta ciertos problemas: una delimitación entre niveles y su equiparación con otros; una clasificación minuciosa oficialista. Los investigadores han tomado diferentes años de escolaridad que pueden resultar problemáticos a la hora de realizar un estudio, por eso para hacer la cuestión algo más estándar se recomienda trabajar con la clasificación: analfabetismo, enseñanza primaria, enseñanza secundaria y enseñanza universitaria. Moreno Fernández esboza la teoría del déficit de Berstein que está ligada al nivel de instrucción y a la clase social. El investigador habla del lenguaje en el proceso de socialización de individuos. Esta teoría distingue dos formas de expresión lingüística, de uso de la lengua o códigos: códigos restringidos, que presentan formas gramaticales más sencillas, uso frecuente de interjecciones, oraciones inconclusas y con menos adverbios y adjetivos, etc, y es accesible a clases trabajadoras y medias con uso preponderante de las primeras; y códigos elaborados que son formas más elaboradas en la norma, como orden gramatical, conjunciones, oraciones subordinadas, etc, accesible sólo a las clases medias. La teoría fue criticada porque es discriminatoria, no es hecha por la lingüística ni para la lingüística, y tiene mucho vacíos teóricos.

Después el autor habla de la variable social “profesión” u “oficio” que está ligada al concepto de estatus. La función social de una persona, la actividad que realiza en comunidad, está en relación directa con el lugar que ocupa en la jerarquía social y de esa manera su variedad lingüística. Alvar afirma que las personas que desarrollan actividades más prestigiosas hacen uso mayor de variantes prestigiosas o más cercanas a la norma.  También esta variable a veces se incluye en la de “clase social” y en muchas ocasiones no se le ha dado la importancia necesaria. Su principal problema es la jerarquización de profesiones según prestigio. Aun así, importantes investigadores como Samper, Bentivoglio, Sedano y Quintanar entre otros  han hecho cada uno su propia clasificación para sus investigaciones.

La procedencia y los barrios también son variables sociales importantes. Desde hace 50 años, importantes trabajos han tenido en cuenta esta variable con énfasis en lo urbano y lo rural (Cerdergren, López Morales).  Otros investigadores abordan el estudio de las grandes ciudades por barrios ya sea por redes sociales, división política, etc.  Es un factor ligado al nivel socioeconómico de los hablantes y con el de procedencia geográfica (relación con dialecto)
La última variable social que nos presenta Moreno Fernández es el de raza y etnia. Sus diferencias lingüísticas son el reflejo de las distancias sociales entre grupos y el grado de integración entre los mismos. Jensen afirmaba que las diferencias entre el habla de las razas obedecían a factores genéticos, pero López Morales afirma que las diferencias se dan por factores socioculturales y  maneras de interactuar entre razas.

Para terminar con el capítulo, Moreno Fernández habla de la estructura social y la estructura lingüística. Los diversos modos de interpretar la estructura social hacen que el modo de ver la estructura lingüística también varíe. Así la estructura social puede dividirse en tres niveles: el abstracto o general (macroestructura de la organización social y estructuras de poder), relaciones entre organizaciones, grupos o clases sociales, y uno concreto (relaciones entre los individuos que conforman la sociedad). El primero lo estudia la sociología del lenguaje, el segundo y el tercero la sociolingüística. La lengua también puede dividirse en diferentes niveles: nivel abstracto (sistema, código o competencia), nivel concreto (actuación o habla). El problema surge al tratar de combinar los niveles sociales para estudiarlos con los niveles lingüísticos. Van de Craen afirma que la sociolingüística ha trabajado con elementos lingüísticos poco susceptibles de manipulación y elementos sociales muy susceptibles de manipulación, lo que complica el análisis y la interpretación de la realidad sociolingüística. Moreno Fernández asegura que la sociolingüística también ha tomado  elementos sociales poco susceptibles a manipulación y afirma estar de acuerdo con Van de Craen que asegura que las relaciones entre la estructura social y la estructura lingüística pueden ser vistas como un intercambio de influencias entre los factores reguladores y constitutivos de ambas, aspecto que sería una de las preocupaciones de la sociolingüística.

Desde nuestra perspectiva, el autor es muy claro y ordenado a la hora de exponer su trabajo, sin embargo, muchas veces plantea ideas que no desarrolla a plenitud dejando dudas en el lector. Una de ellas es la manera de plantear los problemas que presenta el estudio de las variables sociales. Cada variable presenta su talón de Aquiles, y el autor plantea cada problema, pero algunas veces no plantea una posible solución al problema que enuncia.

También nos queda otra duda: ¿todas las variables sociales que Moreno Fernández plantea se pueden tomar de manera independiente como él las enuncia? Creemos aquí que variedades como raza y etnia, y procedencia irían dentro de la variable nivel sociocultural. Desafortunadamente el autor no nos explica porque se toman de manera separada.

Marisol Rey Castillo © 2004


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